Allí estaba ella, recién levantada, abriendo las cortinas de la habitación, mientras cantaba "Es hora de levantarse, hoy será un hermoso día", al mismo tiempo estaba él, ahí acostado, babeando la almohada y gimiendo al no tener intención alguna de levantarse. Ella solo le besó la mejilla y le arrojó una almohada pidiéndole con ternura que se apurara .
Ya listo para desayunar, se dirige al pequeño desayunador del departamento donde se encuentra con un gran banquete esperándolo junto a la responsable quien lo mira con una sonrisa y lo invita a desayunar. Es hora de partir, ella lo despide con un tierno beso y diciendole "Te veré en la tarde" con una sonrisa como de costumbre.
Parte a trabajar con una sonrisa inspirada siempre por ella. Es medio día, un día agotador, muy cansado se recuesta sobre el escritorio un momento y es así como decide ir a tomar un café del otro lado de la calle para despejar la mente. Sale del edificio, llega a la calle y el semaforo apenas cambió a rojo, cruza y entra a la cafetería donde compra su americano sin azúcar. Sale para volver a su edificio y cruza la calle.
Abre los ojos, se encuentra todavía recostado sobre su escritorio, ve su reloj, es muy tarde, ya pasa de la hora de salida, ve a su alrededor y no ve a nadie. Así que decide regresar a casa, "quizá no había mucho trabajo", pensó.
Llega a casa y ve la puerta entre abierta, entra llamándola, pero enseguida la ve, ahí sentada en la sala, llorando sin consuelo alguno, él le pregunta qué sucede, pero ella no responde, se levanta y sale del departamento y toma las escaleras hacia el techo, mientras él la sigue sin entender lo que sucede.
Ahí arriba, ella se acerca a la orilla dejándose caer sin titubear; él solo corre, desesperado, gritando su nombre, pero ella no voltea, él salta tras de ella, hasta que alcanza a abrazarla. De su espalda brotan alas blancas, que le ayudan a salvar al amor de su vida y muerte.
Ella se levanta y con una sonrisa entre lagrimas, mira al cielo.





